17 de julio de 2025

Saberes del río Magdalena:
los secretos de la pesca en el Salto de Honda

Texto y fotografías de Karen Cortés

La pesca artesanal en el río Magdalena, que emplea técnicas y saberes transmitidos de generación en generación, es parte esencial de la vida y cultura de las comunidades ribereñas.

La pesca artesanal en el río Magdalena, que emplea técnicas y saberes transmitidos de generación en generación, es parte esencial de la vida y cultura de las comunidades ribereñas.

Cada tramo del río, junto a su relieve y piso térmico, determina las condiciones de esta práctica. El uso de herramientas, su construcción y la forma de sortear las aguas hacen parte de los conocimientos que fueron reconocidos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación.

Uno de los lugares donde estos saberes se manifiestan es el Salto de Honda, ubicado entre Honda y Puerto Bogotá. Allí, la falla geológica que define la velocidad y variedad de corrientes del río, marcó para siempre no solo la historia de la navegabilidad —y con ella, la historia económica y social de Colombia—, sino también el tipo de pesca que se practica en esta zona.

Cada tramo del río, junto a su relieve y piso térmico, determina las condiciones de esta práctica. El uso de herramientas, su construcción y la forma de sortear las aguas hacen parte de los conocimientos que fueron reconocidos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación.

Uno de los lugares donde estos saberes se manifiestan es el Salto de Honda, ubicado entre Honda y Puerto Bogotá. Allí, la falla geológica que define la velocidad y variedad de corrientes del río, marcó para siempre no solo la historia de la navegabilidad —y con ella, la historia económica y social de Colombia—, sino también el tipo de pesca que se practica en esta zona.

Cuando viene la Subienda

Cuando viene la Subienda

Don José Rodrigo Galindo, de 61 años, animado y vigoroso, se alista para la llegada de la Subienda, la temporada que tiene lugar entre diciembre y febrero, cuando los peces remontan el río para reproducirse. Durante esos meses, pescadores, habitantes ribereños y turistas se vuelcan al Magdalena en busca de peces como bocachico, capaz, nicuro, pataló, bagre rayado y otras especies que ofrece la diversidad de sus aguas. 

Don José Rodrigo calcula que en  quince días los peces llegarán desde Puerto Boyacá hasta los Saltos de Honda. Este fenómeno nunca lo ha tomado por sorpresa: la comunicación entre pescadores de distintas zonas del río Magdalena es clave para anticiparse a este momento tan esperado del año. También, la llegada de garzas y patos es señal del advenimiento del pescado. 

Como atarrayero, Don Rodrigo se asegura de que su canoa esté en óptimas condiciones para navegar. La madera de Iguá es la más recomendada para su construcción, gracias a su resistencia y durabilidad en las faenas del río. Las canoas se fabrican en Girardot (Cundinamarca) y Ambalema (Tolima), donde residen algunos de los artesanos más reconocidos en este oficio. 

Otra tarea clave es armar la atarraya. Don Rodrigo las ha tejido y reparado durante cincuenta años, pieza por pieza: desde la flor, el copo, la manta, los trinchos y senos, hasta la puesta de los plomos. Para que una red se convierta en una verdadera atarraya, es decir, que se extienda al lanzarla, es fundamental entender la creación de los llamados ‘hijos’: un amarre que permite aumentar el número de ojos de la manta cada cierto número de puntas o nudos. Al inicio, se realiza cada dos puntas, luego cada tres, y así sucesivamente, hasta darle forma al tejido final.

Don José Rodrigo Galindo, de 61 años, animado y vigoroso, se alista para la llegada de la Subienda, la temporada que tiene lugar entre diciembre y febrero, cuando los peces remontan el río para reproducirse. Durante esos meses, pescadores, habitantes ribereños y turistas se vuelcan al Magdalena en busca de peces como bocachico, capaz, nicuro, pataló, bagre rayado y otras especies que ofrece la diversidad de sus aguas. 

Don José Rodrigo calcula que en  quince días los peces llegarán desde Puerto Boyacá hasta los Saltos de Honda. Este fenómeno nunca lo ha tomado por sorpresa: la comunicación entre pescadores de distintas zonas del río Magdalena es clave para anticiparse a este momento tan esperado del año. También, la llegada de garzas y patos es señal del advenimiento del pescado. 

Como atarrayero, Don Rodrigo se asegura de que su canoa esté en óptimas condiciones para navegar. La madera de Iguá es la más recomendada para su construcción, gracias a su resistencia y durabilidad en las faenas del río. Las canoas se fabrican en Girardot (Cundinamarca) y Ambalema (Tolima), donde residen algunos de los artesanos más reconocidos en este oficio. 

Otra tarea clave es armar la atarraya. Don Rodrigo las ha tejido y reparado durante cincuenta años, pieza por pieza: desde la flor, el copo, la manta, los trinchos y senos, hasta la puesta de los plomos. Para que una red se convierta en una verdadera atarraya, es decir, que se extienda al lanzarla, es fundamental entender la creación de los llamados ‘hijos’: un amarre que permite aumentar el número de ojos de la manta cada cierto número de puntas o nudos. Al inicio, se realiza cada dos puntas, luego cada tres, y así sucesivamente, hasta darle forma al tejido final.

En el Salto de Honda se tejen atarrayas para dos tipos de pesca: la que se hace desplazándose en canoa y la que se hace sobre lo que se conoce como ‘camas’, muros de piedra en forma de U que obstaculizan el viaje de los peces y facilitan su captura. Aunque la AUNAP (Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca) prohíbe su construcción, según la resolución 0195 de 2021, en este sector se sigue permitiendo su uso, siempre que hayan sido construidas antes de 2021, cuando se promulgó dicha resolución. 

Don Raúl Rondón, líder y pescador nativo de Honda, cuenta que la pesca en camas es una práctica que heredó de su padre, quien construyó la que él utiliza. Explica que los constructores de estas estructuras tienen autoridad sobre su uso. Por eso, reparten las horas de pesca entre los propietarios o las alquilan a otros pescadores. Para esta técnica se usan atarrayas cameras que son de una brazada de manta, mientras que las que se usan en canoa son de dos brazadas. 

Al otro lado del río, en Puerto Bogotá, en la zona de El Remolino o La Moya de Santa Marta, Antonio Saldaña conversa con un grupo de pescadores mientras tejen redes. Algunas tienen una particularidad: llevan un peso (plomo) de cobre, símbolo de respeto hacia el Mohán: “Hace años, cuando las atarrayas no lo llevaban, el Mohán venía y jugaba con nosotros, nos asustaba. Jalaba la red como si estuviera llena de peces, pero al recogerla, no había nada. Hay gente que no cree, pero yo sí”, afirma Antonio, quien creció y se crió junto al río y sus misterios.

En el Salto de Honda se tejen atarrayas para dos tipos de pesca: la que se hace desplazándose en canoa y la que se hace sobre lo que se conoce como ‘camas’, muros de piedra en forma de U que obstaculizan el viaje de los peces y facilitan su captura. Aunque la AUNAP (Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca) prohíbe su construcción, según la resolución 0195 de 2021, en este sector se sigue permitiendo su uso, siempre que hayan sido construidas antes de 2021, cuando se promulgó dicha resolución. 

Don Raúl Rondón, líder y pescador nativo de Honda, cuenta que la pesca en camas es una práctica que heredó de su padre, quien construyó la que él utiliza. Explica que los constructores de estas estructuras tienen autoridad sobre su uso. Por eso, reparten las horas de pesca entre los propietarios o las alquilan a otros pescadores. Para esta técnica se usan atarrayas cameras que son de una brazada de manta, mientras que las que se usan en canoa son de dos brazadas. 

Al otro lado del río, en Puerto Bogotá, en la zona de El Remolino o La Moya de Santa Marta, Antonio Saldaña conversa con un grupo de pescadores mientras tejen redes. Algunas tienen una particularidad: llevan un peso (plomo) de cobre, símbolo de respeto hacia el Mohán: “Hace años, cuando las atarrayas no lo llevaban, el Mohán venía y jugaba con nosotros, nos asustaba. Jalaba la red como si estuviera llena de peces, pero al recogerla, no había nada. Hay gente que no cree, pero yo sí”, afirma Antonio, quien creció y se crió junto al río y sus misterios.

La otra forma tradicional de pesca en este lugar es el cóngolo. Congolear consiste en meterse al río y recorrer la orilla con el agua a la cintura, sumergiendo una red en forma de cono atada a una vara de madera. Para Antonio, sus primeros recuerdos de pesca fueron en familia. Mientras su padre congoleaba, él lo imitaba en la orilla, al cuidado de su madre. 

Antonio explica que esta vara puede ser de Arrayán, Tara o Chicha, y la red puede estar hecha de nailon terlenka o nailon cristal. Afirma que la de cristal “corta mejor el agua y es ideal para peces de escama”, mientras que la terlenka, al ser más pesada, sirve para capturar pescado liso, como el bagre o el capaz: “Como acá hay muchos caudales, la atarraya a veces pasa de largo; en cambio, la cóngola se hunde con fuerza hasta lo más profundo, lo que permite recogerla y halarla con más precisión”.

La otra forma tradicional de pesca en este lugar es el cóngolo. Congolear consiste en meterse al río y recorrer la orilla con el agua a la cintura, sumergiendo una red en forma de cono atada a una vara de madera. Para Antonio, sus primeros recuerdos de pesca fueron en familia. Mientras su padre congoleaba, él lo imitaba en la orilla, al cuidado de su madre. 

Antonio explica que esta vara puede ser de Arrayán, Tara o Chicha, y la red puede estar hecha de nailon terlenka o nailon cristal. Afirma que la de cristal “corta mejor el agua y es ideal para peces de escama”, mientras que la terlenka, al ser más pesada, sirve para capturar pescado liso, como el bagre o el capaz: “Como acá hay muchos caudales, la atarraya a veces pasa de largo; en cambio, la cóngola se hunde con fuerza hasta lo más profundo, lo que permite recogerla y halarla con más precisión”.

La faena

La faena

Lista la canoa y la atarraya, don Rodrigo busca a su piloto, encargado de timonear la embarcación. Ya en el agua, el atarrayero se comunica con señales de mano para guiar el rumbo, y con la fuerza y el equilibrio de sus pies indica el punto para acomodarse y poder esperar un buen lance. En silencio y con paciencia, así inicia la faena.

La ‘contriagua’, o remanso, es ese momento de relativa calma entre las idas y venidas de las olas del río. Y es cuando don Rodrigo lanza la atarraya para que caiga bien extendida o ‘aplanada’ en la superficie para que luego descienda hasta el fondo del agua. Si lo hace en medio de las olas, la red puede enredarse o embarcarse, impidiendo que llegue al fondo de forma adecuada; incluso puede llegar a provocar la pérdida de la atarraya. 

Lista la canoa y la atarraya, don Rodrigo busca a su piloto, encargado de timonear la embarcación. Ya en el agua, el atarrayero se comunica con señales de mano para guiar el rumbo, y con la fuerza y el equilibrio de sus pies indica el punto para acomodarse y poder esperar un buen lance. En silencio y con paciencia, así inicia la faena.

La ‘contriagua’, o remanso, es ese momento de relativa calma entre las idas y venidas de las olas del río. Y es cuando don Rodrigo lanza la atarraya para que caiga bien extendida o ‘aplanada’ en la superficie para que luego descienda hasta el fondo del agua. Si lo hace en medio de las olas, la red puede enredarse o embarcarse, impidiendo que llegue al fondo de forma adecuada; incluso puede llegar a provocar la pérdida de la atarraya. 

Las probabilidades de pescar aumentan cuando el río está crecido, porque los peces se arriman a las orillas para evitar el esfuerzo de nadar entre las corrientes del medio del caudal, donde la presencia de grandes rocas provoca aguas rápidas, fuertes y revueltas, lo que resulta en un riesgo para las canoas.

Don Rodrigo no tiene un horario fijo para pescar; todo depende de su habilidad, su resistencia y un poco de suerte. Para él, un buen día es aquel en el que logra hacer el jornal —unos 200 mil pesos— que reparte con su piloto. No es el pescado más grande el que tiene mejor venta. Un ejemplo de esto es el Nicuro, que por su sabor y sus pocas espinas es el que se paga mejor. 

Para don Rodrigo, la pesca ha sido el pilar de su vida. Gracias a ella sostuvo a su familia, pagó los estudios de bachillerato y universidad de sus hijas, y logró construir su patrimonio: dos apartamentos, uno en el que vive y otro en arriendo que le genera un ingreso adicional en tiempos fríos donde no hay pesca.

Las probabilidades de pescar aumentan cuando el río está crecido, porque los peces se arriman a las orillas para evitar el esfuerzo de nadar entre las corrientes del medio del caudal, donde la presencia de grandes rocas provoca aguas rápidas, fuertes y revueltas, lo que resulta en un riesgo para las canoas.

Don Rodrigo no tiene un horario fijo para pescar; todo depende de su habilidad, su resistencia y un poco de suerte. Para él, un buen día es aquel en el que logra hacer el jornal —unos 200 mil pesos— que reparte con su piloto. No es el pescado más grande el que tiene mejor venta. Un ejemplo de esto es el Nicuro, que por su sabor y sus pocas espinas es el que se paga mejor. 

Para don Rodrigo, la pesca ha sido el pilar de su vida. Gracias a ella sostuvo a su familia, pagó los estudios de bachillerato y universidad de sus hijas, y logró construir su patrimonio: dos apartamentos, uno en el que vive y otro en arriendo que le genera un ingreso adicional en tiempos fríos donde no hay pesca.

¿Cómo se vende y negocia el pescado en Honda? ¿Cómo preparar un buen pescado según las costumbres ribereñas?

Descúbrelo en la siguiente entrega de El Pregonero. 

¿Cómo se vende y negocia el pescado en Honda? ¿Cómo preparar un buen pescado según las costumbres ribereñas?

Descúbrelo en la siguiente entrega de El Pregonero. 

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